Centro de Estudios Católicos
La organización de Círculos de Estudio
DEFINICIÓN: Un círculo de estudios es un grupo pequeño, de 7 a 12 participantes. Se reune regularmente para profundizar en una materia o realidad. Estas reuniones suelen ser semanales por períodos de 3meses o más hasta algunos años. Pueden estar integrados por sólo hombres, sólo mujeres u hombres y mujeres juntos. Puede estar dirigido por un animador, que no es un profesor en el sentido usual del término, o por un coordinador/a que es elegido en forma democrática por los integrantes.
El Círculo busca profundizar en una materia de fe o en otra materia (derecho, filosofía, economía, etc) pero a la luz de la fe de la Iglesia. Se trata de crecer en conocimiento de la fe, en adhesión a la verdad, en saber las consecuencias para el pensamiento y la vida de aquello que creemos por fe. El Cardenal John Henry Newman, a fines del siglo XIX, señalaba: “necesitamos sano juicio, pensamiento paciente, discernimiento, espíritu comprensivo, abstención de fanasías irreales, de caprichos privados, y de arbitrariedades personales”.
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Visión, energía, un punto de vista según la fe
Al participar en un círculo de estudios católico los que lo integran perciben su propia realidad con mayor intensidad, aprenden a conocerse personalemente y como grupo de personas, ahondan y comparten la fe, en especial en el área de sus estudios o profesión, celebran juntos, rezan juntos, se forman nuevas amistades, se fortalece la capacidad de trabajo comunitario e integrado, se hace apostolado, se forjan proyectos que permiten que cada uno cumpla con su misión bautismal empeñándose activamente en la misión de la Iglesia, se ayuda a la transformación del propio centro de estudios, de la sociedad. ¡Son tantas cosas las que ofrece la pertenencia a un círculo de estudios!
¿COMO HACER PARA EMPEZAR?
Como en todo, uno o mas deben tomar la iniciativa. ¡Vamos a hacer un grupo de estudios! ¡Bacán! ¡Pero católico! ¡Muchísimo mejor aún!
Desde el entusiasmo o la necesidad hacer una lista de unas 10 o 15 personas que podrían estar interesadas en profundizar en la fe y en su aplicación a la carrera o profesión que se está estudiando. Hacer invitaciones personales, explicando que es el Círculo y que metas tiene. Es fundamental que las personas concurran libremente. No está todo prefigurado. Los participantes deben aportar y así se va construyendo el Círculo desde la base.
La synergía es poner los propios recursos y la propia formación al servicio de los demás, es compartir fraterno y solidario.
Cuando lo que se aprende sirve para la vida y para dar sentido a la vida, la atención y el interés aumentan.
El surgimiento de un círculo de estudios es un proceso que responde a la iniciativa de personas concretas, sensibles, preocupadas por responder al sentido de su vida.
¡Se requiere de iniciativa y audacia!
No quedarse en metas cortas. Quien se queda en sueños bajos, poco hace en la vida. ¡Ser audaz! Compartir las metas más amplias de un grupo de estudios y como su multiplicación puede transformar la sociedad.
Desde un principio algunas cosas deben quedar claras. El interés por madurar en la fe. Cuando uno es niño basta la fe de niño, pero cuando uno crece y se encuentra no pocas veces en un mundo agnóstico u hostil es indispensable crecer también en la fe. En la carrera que uno está estudiando y en la profesión es fundamental saber qué nos enseña la Iglesia con sus siglos de experiencia y desde la luz de la fe. El divorcio fe y vida es mortal para la persona y la sociedad. Cada uno puede hacer algo para pensar en cristiano y vivir en cristiano. Pensar académicamente, técnicamente, profesionalmente en cristiano, vivir cristianamente en todo momento, y actuar académica y profesionalmente como cristiano.
El Círculo no sólo busca profundizar intelectualmente, sino ahondar integralmente en la luz de la fe y aprender a discernir según las enseñanzas de la Iglesia. Es un proceso educativo para hacernos mejores personas desde una fe de la mente que se va haciendo fe en el corazón. Conocer bien, para sentir rectamente y vivir mejor.
Aunque el acento está puesto en el conocer, ello sólo es el punto de partida. El ser humano es una criatura racional, y por ello debe aprender a pensar críticamente, a discernir con claridad y precisión. Pero todo ello apunta a lo más profundamente humano, su teologalidad. Conocer la fe, adherirse de corozaón a ella, para tener una vida cristiana coherente.
Conversar sobre el bien que cada uno puede sacar para su vida personal y profesional, para sus estudios, para el futuro, y el bien que todo ello puede hacer al propio centro de estudios y a la sociedad. “Con arena se hace la argamaza que permite grandes edificaciones. Al principio parece cosa de nada, pero el aporte conjunto logra maravillas”.